viernes, 22 de junio de 2007

[Reflexiones] Ha llegado el veranito... y los guiris

Este año parecía que el puñetero no iba a dar la cara... pero fíjate tú que un buen día se levantó el Sol en plan cabrito y dijo: "coño, cuánto guiri han soltado por España, si parece que los han empanado con levadura". Y dicho esto, se puso a apretar los dientes y a emitir sus potentes rayos, con la esperanza de incinerar a varios inocentes guiris mientras comían en sus hogareños McDonalds...


El resultado es que, a día de hoy, me aso de calor cada vez más. No sé por qué tenemos que pagar el resto los platos rotos de los guiris. En mi caso es especialmente sangrante, ya que por mi profesión me veo obligado a llevar traje a estas alturas del verano, y ni que decir tiene que eso es como llevar la sauna a cuestas. Cuesta mucho reprimir la ira cuando vas paseando por la calle y no paran de cruzarse contigo guiris en bañador con cara de gamba rancia y repitiendo hasta la saciedad las cuatro palabras mágicas que aprendieron antes de venir, "paella, olé, jamón y McPollo" (los pobres lo llamaban McChicken por aquellos lares).

Creo sinceramente que las autoridades españolas deberían tomarse más en serio el tema de los guiris. ¿Os imagináis cuántas insolaciones cogerán los muy atontados por irse a tomar el sol con tanta ansiedad? Deberían darles una sesión intensiva de rayos uva nada más llegar al aeropuerto, y así además podrían confundirse más fácilmente con la gente normal de aquí...

Porque ésa es otra. ¿Quién leches les ha dicho que la moda en España es ir con pantaloncitos tipo Di Stefano y calcetines de cuello vuelto, que abrigan más que la barba del abuelo de Heidi? Por no hablar de la famosa gorra de Spain que muchos se agencian en cuanto tienen la mínima ocasión. Vamos a ver, queridos amigos guiris, precisamente por estos detalles sabemos que sois guiris sin oiros hablar. Ningún español en su sano juicio saldría a la calle con una gorra roja y amarillo chillón, y ese intento de hacernos la pelota sólo puede provocar que os atropelle algún camión, cegado por la intensidad de la puñetera gorra.

Algo que me resulta extrañamente friki es lo que hacen los empleados de restaurantes como McDonalds (y en general, de sitios donde entraría a trabajar hasta Pozí), cuando llegan unos guiris a pedir. Parece que tienen la estrategia ensayada. Siempre le empieza a dar el baile de San Vito a alguno de los empleados, que normalmente es el que está atendiendo en el mostrador, y que por casualidad es el más pringado del lugar (por algo está atendiendo y sus compañeros tocándose las bolas en la cocina). Su nivel de idiomas se reduce al castellano mal entendido, "hello", "I don't understand" y "bye", con lo cual no es de extrañar que sus conversaciones internacionales duren más bien poco. Por eso mismo siempre está también el empleado freak, que es aquél que, aun sin tener ni pajolera idea del idioma (o nociones tan básicas que se las podría haber enseñado la rana Gustavo), se lanza a por los guiris dispuesto a atenderles como Ronald McDonalds manda. La cosa es que el pavo empieza a decirles cuatro frases estilo Home English, y en cuanto ve que no se entienden, recurre a la típica y ancestral técnica de señalar con el dedito lo que quiere. Lo más chungo del asunto es que, cuando el guiri paga, se va y dice "hasta luego, grasias". Que digo yo, has de ser muy hijoputa para saber decir eso y no ser capaz de pedir la comida en castellano chapurreado.

Y esto me lleva a otra pregunta sobre los guiris. ¿Por qué todos hablan con la "s"? ¿Dónde aprendieron a hablar, en casa del Chapulín Colorado, o viendo Rebelde Way? Menos mal que no aprendieron viendo a Chuck Norris, porque si no ahora encima nos saludarían haciéndonos la llave del cangrejo.

Pero sin duda, lo que menos me gusta del verano es la caravana de abuelitos que se monta en las calles. Uno va con prisa a trabajar, como es normal, y de repente se topa con una muralla de ancianitas, todas agarraditas de los brazos estilo "Jisatsu Circle" (pero estas jodías no se esfuman), que te impiden el paso y además ¡van cada vez más despacio para joderte! Intentas buscar una finta, un hueco salvador que te libre de ese tormento, pero no entiendo cómo son capaces de cerrar tan bien todas las salidas. La defensa del Barça debería aprender de estas ancianas.

En cualquier caso, siempre llega un instante en que alguna de ellas flaquea y entonces es tu momento. Coges aire y pasas a toda mecha por su lado, dejándolas atrás mientras seguro que murmuran, "mierda, se nos ha escapado otro, a ver cómo nos divertimos ahora hasta la hora de comer". Cuidado con las que llevan bastón, pueden ponerte la zancadilla para que te compres una de sus bonitas dentaduras antes de tiempo.

Y cuando crees que nada puede ser peor, te remata el "banderillero de la calle". Intenta no ir cabreado por la calle, porque esta gente lo huele. Parece un tipo normal, de espaldas, disimulando su presencia, pero cuando estás a su altura se le empieza a dibujar una sonrisa en la cara que te hace dar espasmos de terror. ¡Y luego le ves la bolsa llena de folletos de publicidad que lleva colgada del brazo, el muy cabrito! Ahí no tienes escapatoria. Lo coges o mueres fulminado por su odio hacia la raza humana. A mí siempre me toca cogerlo, y me da la tentación de tirárselo a la cara directamente, pero suelo ser discreto y lo tiro a la papelera un rato después. Lo que más duele es que el tipo sea un caradura y te endose 3 o 4 folletos de golpe, que tú dices, "este cabrón se creerá que me lo voy a leer varias veces, o qué". Para eso que se vaya a un acantilado y los tire a tomar viento fresco, digo yo. Y de paso que se tire él también.

Una buena técnica para evitar esto es hacer como que hablas por el móvil. Tengo comprobado al 100% que te libras de coger folletos limpiamente si ocupas tus manos con algo que convenza al "banderillero". Porque llevar un libro no vale, el desgraciado te mete el folleto entre las hojas. Hay que llevar cosas contundentes.

Ya es peor cuando dejas el coche aparcado en algún sitio y al volver te lo encuentras "tuneado" con varios folletos de publicidad. Me encanta cuando llueve y se queda totalmente adherido a los cristales de mi coche. ¿Se pensarán que mi coche es como el de Fernando Alonso, y estoy obligado por contrato a llevar publicidad por todas partes? Lo único que consiguen es que le coja manía a los negocios que se anuncian en esos folletos. Ya tengo una extensa lista negra de sitios que me han guarreado el coche con su mierda de publicidad, y que no verán ni un céntimo de mi bolsillo en sus cajas registradoras jamás, ¡porque yo lo valgo! Al menos el calor del verano me ayudará a que no se peguen los dichosos papelitos...


En fin, que este verano promete mucho calor y muchos guiris borrachos por toda nuestra geografía. Espero que se vuelvan a casa haciendo autostop, porque ya lo dice el dicho: "si bebes no conduzcas, y si eres guiri no bebas".

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